Brasil: Escándalo sin precedentes en el juicio del siglo

Brasil: Escándalo sin precedentes en el juicio del siglo

Publicado el agosto 15, 2012 en Política, Portada.

Los líderes históricos del Partido de Lula y Dilma están acusados de corrupción y compra de votos.

El escándalo del pago de mensualidades a legisladores opositores a cambio de votos casi le cuesta la reelección a Luiz Inácio Lula da Silva. Ahora tres líderes históricos del Partido de los Trabajadores (PT), acusados de desvío de dinero y pago de sobornos durante el primer período del primer presidente obrero en la historia de Brasil, están siendo juzgados en Brasilia. El lunes sus abogados rechazaron las acusaciones de corrupción contra sus clientes y pidieron su absolución. El “juicio del siglo” en Brasil, como lo llaman los medios, concluirá el último día de agosto.
Los abogados del ex ministro jefe del Gabinete Civil de Lula da Silva, José Dirceu, del ex presidente del PT José Genoino y del ex tesorero Delubio Soares negaron tajantemente ante el Supremo Tribunal Federal (STF) la existencia del esquema de corrupción denunciado por el procurador general de la República, Roberto Gurgel.
Según la acusación, se trató del “más atrevido y escandaloso esquema de desvío de dinero público y compra de votos parlamentarios descubierto en Brasil”. El esquema articulado por los dirigentes del partido fundado por Lula en 1980, y llevado adelante junto a otros 35 acusados, habría consistido en usar el dinero desviado de campañas electorales y organismos públicos para pagar sobornos a legisladores, a cambio de apoyo a las iniciativas del Ejecutivo en el Congreso.
El abogado de Dirceu –ex hombre fuerte de Lula–, José Luiz de Oliveira, rechazó que su cliente sea “un jefe de cuadrilla”, tal como le imputó Gurgel, quien dijo tener “pruebas contundentes” de que el acusado fue el mentor, autor intelectual y jefe del esquema fraudulento. Durante su defensa oral ante los 11 jueces supremos del STF, Oliveira citó testimonios del ex presidente Lula y de su sucesora, Dilma Rousseff.
“La defensa trajo testimonios en los autos de que José Dirceu en el Gabinete Civil jamás benefició al banco (BMG). Quiero citar el testimonio de la entonces ministra del Gabinete Civil y actual presidenta, la señora Dilma Rousseff, y aclaraciones hechas por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva”, afirmó Oliveira.
Asimismo, rechazó expresamente la presunta compra de votos parlamentarios: “La propalada compra de votos no existe. No existe prueba de esa acusación en los autos”, subrayó. También calificó como un “ataque” a la Constitución el pedido del procurador, quien solicitó condena y prisión inmediata para los 38 acusados.
La eventual condena de Dirceu es clave para el PT y para el ex presidente Lula. Según sus acusadores, el ex ministro coordinaba las acciones del esquema en su despacho del Palacio del Planalto: es decir, desde dentro mismo de la sede de la Presidencia de República.
El abogado Luiz Fernando Pacheco, quien defiende a Genoino, descalificó la denuncia de la fiscalía y dijo que la misma usa un concepto nazi para acusar a su cliente.
“Él no es reo por algo que hizo o dejó de hacer, sino que es reo porque fue presidente del PT. La denuncia no hace una individualización de conducta, sino que redunda en la responsabilidad objetiva. Es el derecho penal del nazismo: fue presidente del PT, entonces tiene que ir preso”, expresó Pacheco, quien también negó la compra de votos a parlamentarios. Según Pacheco, el dinero recaudado por el partido se usó para pagar deudas contraídas durante la campaña presidencial de 2002, en la que Lula resultó electo.
Desde 2005, las acusaciones de corrupción dirigidas contra el izquierdista PT habían hecho tambalear la credibilidad de un partido que precisamente posaba de puro. Pero las adversidades templaron a la figura presidencial en el ánimo de los votantes, y Lula bis en 2006 es un regreso con gloria.

La corrupción es tema fundamental y eje de muchas telenovelas, el género pop por excelencia en Brasil. En ellas, los héroes de la clase trabajadora llegaron al lugar de los amos, e incurrieron en prácticas que antes capitalizaban políticamente sólo cuando las denunciaban. La compra de votos en el Congreso y el manejo de dinero del Estado para esas compras son el dato central de las acusaciones de la oposición, con las que esperan hacer vacilar al gobierno del PT y a su presidenta y ex presidente, que conservan niveles de aprobación que superan consistentemente los 70 puntos.
Los brasileños nunca fueron inocentes en política. Antes que del de Carlos Menem, Rouba mas faz (Roba pero hace) fue el lema, o la desvergonzada reputación, del gobierno de Adhemar de Barros, un notorio gobernador de San Pablo. Los votantes se alzaban de hombros –y votaban–. Así como en la Argentina se creyó que la inflación es un combustible para el crecimiento, en Brasil se pensaba que las coimas eran un lubricante o un incentivo de los negocios públicos. Los negociados florecieron durante la larga dictadura brasileña (1964-1985). Con la llegada de la democracia se creía que todo iba a cambiar. Por el levantamiento de la censura en los medios, y por la labor del Congreso. Pero si lo primero efectivamente sirvió de control y aun de freno a la corrupción menos encubierta, lo segundo le dejó mil caminos abiertos –también a investigaciones parlamentarias y acusaciones judiciales guiadas por intereses de partido antes que por el móvil menos político de poner freno a la corrupción.

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