Sol-Tame AL AIRE lunes monólogo 30-09-13 EL RESFRIADO

Sol-Tame AL AIRE lunes monólogo 30-09-13 EL RESFRIADO

Publicado el octubre 29, 2013 en La Radio. Programa Soltame al aire Lunes

Esta semana el monólogo de Mercedes está genial, no os lo podéis perder. Se titula “El Resfriado” y al protagonista de esta semana le pasa de todo, pero no solo a él, sino a todos los que le rodean. Una historia muy común, amena y con situaciones divertidísimas. No dejéis de escucharlo, os encantará como lo relata Sol Tame.

Para escuchar el audio pica aqui

EL RESFRIADO

 

Justo esta semana que tienes invitados en casa vas y te resfrías. Estás con fiebre, tiritas de frío, no paras de estornudar y encima tienes picores por todo el cuerpo. Se complicó todo, se te juntó la alergia con el resfriado, menuda mezcla. Estás hecho polvo, y lo que te cuesta levantarte de la cama. Te vistes, te miras en el espejo y ves que el pelo va cada uno por su lado, pero es que no tienes ni ganas de peinarte, además, como ahora se lleva el pelo despeinado no se nota porque así vas a la moda y nadie te puede decir nada. Pero como llegue tu novia a casa y te vea con esos pelos ¡se queda en la puerta y no entra! Porque tienes más virus que donde los hacen.

Tienes que limpiar la casa, hacer la compra pero te viene justo ponerte de pie. Aunque  como aún te quedan unos días para la celebrar la fiesta, decides ir al médico a ver si te mejora un poco. Pero está lloviendo, tienes que coger el paraguas y no puedes ni contigo mismo. Solo hace falta que te mojes para enfriarte más. Es que ni el tiempo te acompaña pero aun así te animas y bajas a la calle. ¡Cómo llueve! Te tenías que haber puesto las botas porque las zapatillas se te empaparon. Madre mía cómo vas a acabar…

El metro te pilla a dos calles pero con tanto paraguas se te engancha el tuyo con las demás personas que pasan por tu lado. ¡Por fin llegaste al metro! Estás deseando que llegue para sentarte, aunque con la cantidad de gente que hay esperando no tienes muy claro si quedará algún asiento libre. Empiezas a ver la luz en el túnel, no, no desvarías es que ha llegado el metro… Pero va a tope, no coje ni un alfiler te va a tocar ir de pie, eso si te dejan entrar.

Más que entrar empujas a los que están dentro. Bueno, al menos has logrado entrar, pero con el calor que hace ahí dentro, te empieza a picar todo el cuerpo pero con tanta gente no puedes rascarte. Ahora empiezas a estornudar y no paras… Pareces una ducha salpicando a todos y te miran con una cara… Sacas un paquete de pañuelos y no te dura ni dos minutos con tanto estornudo. Cogiste cinco paquetes cuando saliste de casa y solo te quedan tres, a ver qué haces cuando se te acaben. La gente que hay a tu alrededor se aleja de ti, te dejaron solo, es que con tanto estornudo les estás echando todos los virus.

Pero te vino bien porque ahora sí te puedes rascar y con qué ganas lo haces. La gente no para de mirarte con los pelos que llevas y con el ansia que te rascas, tanto, que ya se lo contagiaste a la gente. Y es que no sólo se contagian los virus, cuando ves a alguien que se rasca con tantas ganas ya le entran ganas de rascarse a él también. Y ahí los tienes a todos rascándose,  algunos disimuladamente y otros con más ganas.

Cuando se abren las puertas del metro salen todos disparados, unos tosiendo, otros estornudando y otros tanto que no paran de rascarse. ¡La que has liado en un momento! Sales del metro y sigue lloviendo hala, a mojarte otra vez. Como sigas así no te vas a quitar el resfriado nunca. Menos mal que el ambulatorio está relativamente cerca. Cuando entras hay una cola para que te asignen el médico, que ya no sabes si aguantarás de pie tanto tiempo.

Eso sí, el primer saludo que diste fue estornudando y es que cuando empiezas ya no paras, ¡eres como un resorte, te estiras y encoges con cada estornudo! Ya tienes hasta agujetas de tanto movimiento, y de vuelta te entraron otra vez los picores. La gente al verte te dejaron pasar pensaron que cuanto antes te fueras mejor. Te diriges al mostrador y te asignan a tu médico para que te vea. Cuando llegas a la puerta ves que tiene a un montón de gente esperando, y encima ¡lleva una hora de retraso! Como te deje para el último no sabes si aguantarás…

Ahora que quieres estornudar para espantarlos a todos no te sale, y eso que tienes ganas, pero te quedas a mitad parece que sí vas a estornudar pero no sale y eso, ¡da una rabia! Eso sí, aprovechas que tienes picores por todas partes para rascarte, y con los pelos que llevabas y los que te estás poniendo pareces un loco, al menos eso creen los que te ven. Y mira si te ven mal, que antes de que les contagies los picores te dejan pasar.

 

Cuando te ve tu médico no te reconoce, si es que te pregunta que “quién eres”.

 

“Soy Roberto, don Gustavo…”

 

El médico te pregunta:

 

“Joder Roberto, ¿qué te ha pasado? estás irreconocible…”

 

Pues creo que me resfrié, tengo fiebre y no paro de…

Le salió un estornudo que le duchó la cara al médico y éste le miró con una cara de enojado. Tus virus van a estar más repartidos que la lotería nacional. Se levantó a lavársela y regresó pero tomando distancia. Se te queda mirando y te pregunta:

 

“¿Por qué te rascas tanto?”

 

“Creo que se me complicó con la alergia… Necesito que me ponga bien en dos días”.

 

Qué gracia le hiciste, no para de reír… Te coge la mano y te dice que te sujetes la nariz, no quiere que le vuelvas a esparcir los virus. Te mira la garganta y la tienes de mal, bueno, más que mal ¡la tienes fatal! Te ve el cuerpo y lo tienes con unas ronchas que te han salido… Se te queda mirando y te dice:

 

“Como mínimo estarás con el resfriado una semana, y mejorarás algo a partir del tercer día, y de los picores más o menos igual”.

 

Se pone a recetar y no para, que si antibióticos para la garganta, paracetamol para la fiebre, antihistamínicos para los picores, que si una crema para las ronchas…  Sales de allí cabizbajo, pensando en que no podrás hacer la fiesta. Menudos ánimos te ha dado, si mañana no estás mejor suspendes la fiesta para otro día.

 

Y es que cuando las cosas vienen así mejor hacerlas cuando uno se recupere y pueda disfrutarlas porque si la haces cuando estás mal, disfrutan todos menos tú y no es plan. Así que solo sea por una vez vale la pena esperar…

 

Mercedes R. Cervantes

 

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