¿Mark Zuckerberg está a la altura de su trabajo?

¿Mark Zuckerberg está a la altura de su trabajo?

Publicado el junio 14, 2012 en Economía, Noticias, Tecnología.

El CEO de Facebook estropeó el debut en la Bolsa de su compañía. Cuáles serán los próximos desafíos del negocio, y por qué el joven genio tal vez no esté preparado para la tarea que debe emprender.

En Harvard, Mark Zuckerberg era un alumno superestrella, un prodigio con la computadora capaz, en su tiempo libre, de escribir las notas de código de lo que sería Facebook, una compañía transformativa que en ocho años cambió el mundo.

Pero en su primer gran desafío como CEO —la entrada a la Bolsa de Facebook— el joven de 28 años con cara de niño fue desaprobado, y por mucho. Peor aun: tras este acuerdo accionario demasiado publicitado y mal manejado, la persona que debía estar a cargo nunca estaba disponible. No daba entrevistas, y ni siquiera hacía declaraciones.

Esto nos hace plantearnos: ¿este muchacho está listo para ser el CEO de una compañía que cotiza en bolsa?

A medida que iba concluyendo la entrada de Facebook en la bolsa, el hacker maravilla parecía estar sobrepasado, sin las habilidades, la experiencia y el temperamento necesarios para esta tarea. Eso es preocupante, porque Facebook es una compañía con un poder extraordinario que tiene una enorme influencia en toda Internet —y además porque Zuckerberg se las arregló para que no puedan sacarlo de su puesto.

La oferta inicial de acciones (IPO) de Facebook fue un desastre desde el desembarco bursátil el 18 de mayo. Tenían un precio demasiado alto, y se pusieron a la venta demasiadas, por lo cual, en lugar de lograr la típica “explosión” al momento de debutar en la Bolsa, el precio de las acciones de Facebook se desplomó. Luego se supo la noticia-bomba de que la compañía, preocupada por el debilitamiento de su negocio, había advertido por lo bajo a los analistas de Wall Street que bajaran sus proyecciones en los días anteriores a la entrada en la Bolsa. Ciertos clientes privilegiados recibieron la noticia y se abstuvieron de comprar acciones, mientras que todos los demás, sin esa información, se apuraron para comprar las acciones. Algunos inversores que habían comprado acciones al inicio de la jornada perdieron 25 por ciento de la noche a la mañana. Hasta el 11 de junio, los accionistas habían perdido un 28 por ciento.

El panorama no es bueno, como se dice. Fijar un precio excesivo en la oferta pública inicial hizo que Facebook pareciera especulador e incompetente. Hablar de hacer del mundo un lugar mejor mientras se celebra un acuerdo accionario en el que los ricos privilegiados se enriquecen aun más y la gente común queda desplumada hace que Facebook parezca hipócrita. Negarse a hablar del acuerdo hace que Facebook parezca furtivo.

Nada de esto es la imagen adecuada para una compañía que está tratando de convencer a 900 millones de usuarios de que pueden confiarle su información personal. “No tengo dudas de que va a afectar su negocio”, dice Vivek Wadhwa, investigador en el Rock Center for Corporate Governance en la Facultad de Derecho de Stanford. “Facebook pasó de ser un niño mimado a ser un villano. Zuckerberg pasó de ser considerado una estrella y un geniecito a ser visto como un ladrón. La gente perdió sus ahorros” (parte de la investigación de Wadhwa en Stanford implica el desarrollo de directivas éticas para las compañías start-up, “para que podamos educar a las personas como Zuckerberg antes de que tengan que aprender de la manera más dura”, afirma).

Ahora comenzaron las acusaciones. La SEC y la Autoridad Regulatoria de la Industria Financiera están investigando, al igual que los comités del Senado y de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Los inversores están presentando demandas contra Facebook y sus banqueros por la “transmisión selectiva” de las malas noticias antes de la cotización inicial, e incluso un estudio de abogados cuestiona el hecho de que dos días antes del debut en la Bolsa, varias personas de la organización, incluso dos miembros del directorio de Facebook, decidieron vender más acciones de lo que se habían propuesto originalmente. El sitio TMZ.com llegó a apuntar que, según una denuncia, el mismo Zuckerberg vendió US$ 1.000 millones en títulos cuando advirtió el desastre que se avecinaba.

Algunos echan la culpa a Morgan Stanley, el principal suscriptor, aduciendo que el banco asesoró mal a Facebook sobre el precio del acuerdo. Y un ejecutivo importante de Morgan Stanley, desde el anonimato, echa a la culpa al NASDAQ, cuyas computadoras fallaron el 18 de mayo, lo cual asustó a los inversores en las primeras horas cruciales de la operación.

Sin embargo, en última instancia, la responsabilidad recae en Zuckerberg, quien controla el 57% de los derechos a voto de Facebook. Entonces, aun cuando el directorio de la compañía incluye a algunos ejecutivos más experimentados —el CEO de Netflix Reed Hastings, el CEO del Washington Post Co. Donald Graham, y el co-fundador de Netscape Marc Andreessen— no pueden compensar los votos del joven genio. Los inversores tampoco pueden decidir cómo se dirige la compañía, debido a una estructura de acciones de clase dual que implementó Zuckerberg.

¿Pero Zuckerberg puede manejar esta tarea? “Sinceramente, no lo sé”, confiesa Michael Pachter, analista de Wedbush Securities que criticó públicamente a Zuckerberg durante la gira de inicio de cotización en la Bolsa, por aparecer en las reuniones con los inversores vestido con un buzo con capucha en lugar de traje, una imagen que Pachter consideró inmadura e irrespetuosa. “Tenemos a este tipo con un coeficiente intelectual de 200, que está acostumbrado a ser el más inteligente de la reunión. Pero tiene cero experiencia”, dice Pachter. “Me acuerdo de cuando yo tenía 28. Yo también pensaba que sabía más que todos los demás. Pero hay algunas cosas de las que no sabe tanto como sus mayores. Debe aprender de ellos”.

Zuckerberg deberá aprender sobre la marcha. Ahora está al mando de una compañía valuada en US$ 90.000 millones, más que Ford y General Motors juntas. Como tomar clases de vuelo ya sentado en la cabina de un 747 con cientos de pasajeros a bordo.

“Hay muchas cosas que se aprende en la escuela de negocios para poder dirigir una compañía: aspectos de contabilidad y finanzas, modelos y pronósticos, y todo lo relacionado con recursos humanos”, señala Roger Kay, analista de la compañía de investigación Endpoint Technologies. “Todos estos temas son básicos y algo aburridos. Hay que aprenderlos de memoria, pero son importantes”.

La caída de las acciones de Facebook y las revelaciones sobre sus ingresos inferiores a lo esperado están llamando la atención sobre algunos problemas fundamentales que enfrenta la compañía. Además de las bajas ganancias por publicidad, la compañía estará bajo una mayor presión por mejorar los ingresos y justificar el precio de sus acciones. Para mantener su valuación multimillonaria, Facebook debe seguir creciendo 50% por año durante los próximos años. Independientemente de que Zuckerberg diga que Facebook tiene una misión social, “al cotizar en Bolsa, ahora tienen que trabajar mucho para monetizar su negocio y mantener su valuación”, señala Martin Sorrell, CEO de WPP Group, la compañía de publicidad más grande del mundo.

Esta presión podría tentar a la compañía a utilizar la única herramienta que tiene para monetizar con confianza: datos. Muchísimos. El desastre en la Bolsa genera un incentivo para entrometerse aun más en la vida de los usuarios, “lo que más odia la gente”, aclara Wadhwa. Facebook puede rastrear a los usuarios incluso cuando no están en el sitio, observar adónde van y qué hacen. Esa información, recortada y analizada correctamente, podría ser muy valiosa para los anunciantes.

Otra dificultad que tendrá que enfrentar Zuckerberg es la movilidad. La gente está pasando de la PC a los dispositivos móviles, con lo cual Facebook hasta ahora no ha descubierto cómo ganar dinero, en parte porque no puede incluir tanta publicidad en la pantalla pequeña de un smartphone.

Finalmente, existe una sensación creciente de que publicitar en Facebook realmente no funciona, y los anunciantes “comienzan a cuestionarse el retorno sobre la inversión de lo que están gastando”, indica Sorrell. Colocar avisos junto a los resultados de la búsqueda de Google funciona bien porque las personas que usan el buscador ya están, precisamente, buscando productos. Publicitar en Facebook es menos efectivo porque la gente entra al sitio para hablar con sus amigos, no con el objeto de buscar productos.

Por supuesto, éstos pueden ser los problemas comunes de un negocio en un ámbito muy volátil. Honestamente, nadie se estaría quejando si las acciones de Facebook hubieran subido en lugar de bajar, un logro que la compañía podía haber obtenido fácilmente, simplemente vendiendo menos acciones a un precio más bajo. Pero Facebook no quería dejar dinero sobre la mesa. Zuckerberg y sus banqueros permitieron que el orgullo desmedido, el autoengaño y el ego los dominaran. Lo que deben hacer ahora es limpiar todo el desorden que dejaron.

Nota de Revista Newsweek

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